• jueves, 14 diciembre, 2017

Otra cultura popular y nuevo modelo festivo

Luis Soldevila
Luis Soldevila
abril20/ 2016

Si Pamplona 2016 hubiera llegado a existir, la fiesta habría sido su mayor activo. Al menos eso decían los folletos de la candidatura a capital europea de la cultura. Si la cosa hubiera funcionado, ahora tendríamos museo de los Sanfermines y un programa de celebraciones centradas en el hecho festivo durante todo el año. La razón era obvia: no había en la ciudad capital simbólico mayor que ése. En la competencia global entre territorios, nuestra mejor carta era que aquí teníamos a San Fermín. Eso lo sabía todo el mundo, ¿no?

Bien, al menos ése era el análisis y la apuesta de UPN. Pero no funcionó. Pamplona 2016 se quedó en promesa truncada, con todas sus contradicciones al descubierto. La mayor de ellas: en un modelo que ensalzaba lo espontáneo y la calle, a gran parte de las actividades que organizaba el tejido asociativo y comunitario se les negaba cualquier tipo de apoyo, por supuesto, pero también el uso del espacio público. Es decir, las instituciones bloqueaban en la práctica aquello que defendían en su discurso: la cultura popular con su creatividad, su memoria y su obstinada autonomía. Porque la autonomía era un elemento intolerable dentro de un modelo festivo consagrado en realidad a la extracción de beneficio, a la transformación de un capital simbólico común en rentas repartidas según las leyes naturales del mercado, de abajo a arriba: rentas pequeñas para los pequeños, rentas grandes para los grandes.

Bien, y ahora va y se acaba ese ciclo. Tenemos la posibilidad de resetear los Sanfermines. ¿Cómo le damos sentido a la expresión “nuevo modelo festivo”? Sin que sea una farsa, sin que sea un apaño. Pensemos en darle cancha a eso de la cultura popular, pero con ambición, con imaginación. En el nuevo contexto institucional de la ciudad damos por superadas las trabas administrativas que antes impedían el montaje de todo tipo de eventos comunitarios. Podemos hacer todo lo que antes estaba prohibido. Enhorabuena, ¿y? ¿Revierte eso el modelo anterior? ¿Agota las posibilidades de la nueva coyuntura? Diría que no. Que hay un largo camino por recorrer hasta que las distintas formas de riqueza que genera la fiesta (visibilidad, reconocimiento, contactos, memoria, infraestructura, dinero) circulen de manera más igualitaria y distribuida, más cercana a la gente que las produce. La meta, creo, no debería ser sólo aumentar los márgenes de acción del tejido asociativo y comunitario, sino consolidar esos circuitos cooperativos locales como centrales en el desarrollo de los sanfermines. De lo contrario, poca novedad tendremos.

Pero, ¿por dónde empezamos? Vale, partamos del caso práctico de “cultura popular” que está en casi todas las cabezas: la txozna. En la memoria colectiva es el paradigma de espacio festivo autogestionado, que genera y distribuye recursos con criterios políticos y no de acumulación de capital. ¿Cómo reactivamos ese dispositivo en la Iruñea de hoy? ¿Qué elementos de la txozna debemos mantener, cuáles reciclar y cuáles sustituir? ¿Qué innovaciones podrían hacer de ella un rompehielos capaz de abrir camino hacia un nuevo modo de organizar y vivir las fiestas?*

*Si crees que la discusión merece la pena, entraremos a fondo en un taller el próximo sábado. A las 10:00 en el Palacio del Condestable: “Otra cultura popular y nuevo modelo festivo”.

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Luis Soldevila
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