• martes, 17 octubre, 2017

Atropellos en Pamplona: coches, ciclistas y peatones

Pamplonauta
octubre08/ 2016

En lo que va de año, dos mujeres han muerto atropelladas en las calles de Pamplona. El 29 de julio, Ana María Huarte, de 78 años, fue arrollada por un vehículo en el paso de peatones sin semáforo que hay al final de la calle Bernardino Tirapu, junto a la Plaza Virrey Armendáriz. El 7 de agosto, Ana María Elizari, de 76 años, perdió la vida en otro paso de peatones sin semáforo de la calle Ermitagaña. En ambos casos, los accidentes se produjeron en arterias de barrios convertidas en avenidas donde los coches corren de tal manera que el tiempo de reacción de los conductores es insuficiente ante cualquier imprevisto: por ejemplo, que un peatón se ponga a cruzar por un paso de cebra sin semaforizar.

En 2015 también murieron dos personas atropelladas en Iruñea: Irineo Goicoechea, de 84 años, en la calle Monasterio de Fitero el 20 de agosto, y Emilio Rekalde, de 21 años, en Monasterio de Belate, el 29 de septiembre.

¿Cuánta gente ha muerto atropellada en la Cuenca de Pamplona en los últimos diez años?

No hay datos oficiales relativos a esta comarca en la que ya viven 348.000 personas, el 55% de la población navarra, se entiende que porque las autoridades no consideran suficientemente relevantes dichas estadísticas. Existen balances anuales de la capital que, obviamente, dejan fuera los accidentes en las carreteras de la periferia, incluidos los núcleos urbanos conectados a Iruñea, que en términos de movilidad forman parte del mismo continuo urbano. Así las cosas (con esos límites analíticos claros), en el municipio de Pamplona hubo 1.526 atropellos entre 2006 y 2016, aproximadamente 150 al año, que provocaron 273 heridos graves y 25 muertos; 22 peatones y tres ciclistas. Pero, tal y como se ha señalado, es posible que un estudio de los datos de todo Iruñerria arrojara cifras bastante (¿el doble?) mayores.

¿Quiénes fueron esos tres ciclistas atropellados?

El 9 de junio de 2007, Ekain Guerra, de 27 años, falleció al caerse de la bicicleta en la calle Arcadio María Larraona. El joven iba junto con tres amigos en dos bicicletas cuando uno de ellos perdió el control y se desplazó hacia la izquierda. La víctima, que iba sentada en el manillar, saltó y al caer sobre la calzada fue golpeada por un vehículo que circulaba en dirección contraria, muriendo en la ambulancia poco después, de camino al hospital.

El 24 de octubre de 2010, Yoana Stoyanova, de 25 años de edad, cruzaba con su bicicleta un paso de cebra en la intersección de la Avenida de Guipúzcoa con la calle Ventura Rodríguez (Buztintxuri) cuando un conductor borracho que circulaba a 120 km/h en un tramo con un límite de 50 km/h la atropelló. Como consecuencia del impacto el cuerpo fue arrojado a 45 metros del lugar de la colisión; el automovilista, con la luna delantera resquebrajada, se dio a la fuga dejando a la víctima agonizando en medio de la carretera. Murió cuatro días después.

El 3 de marzo de 2011, Trinidad Remírez, de 60 años de edad, circulaba tranquilamente por el carril-bici de la calle Julián Gayarre hasta que un conductor relajado abrió imprudentemente la puerta de su vehículo aparcado. La ciclista chocó con ella y cayó al suelo con tan mala fortuna que se rompió la cabeza con el bordillo de la acera. La infraestructura, como tantas veces, estaba mal diseñada: de anchura insuficiente, no había distancia de seguridad entre los vehículos aparcados y el carril bici.

¿Ha habido más muertos en la Cuenca de Pamplona durante ese periodo?

A los tres casos anteriores habría que sumar, como mínimo, dos atropellados más. El 20 de julio de 2008, Alfonso Pérez de Ciriza, de 45 años, circulaba en pelotón junto a otros tres ciclistas por la N-121 a la altura de Muruarte de Reta, en las estribaciones de la Sierra de Alaiz. Un joven, que posteriormente dio positivo en el control de alcoholemia, perdió el control de su coche, invadió progresivamente el carril contrario y los arrolló. La víctima falleció en el acto, su hermano resultó gravemente herido –las secuelas le provocaron una discapacidad permanente del 44%– y los otros dos ciclistas tuvieron heridas de diversa consideración. El 11 de septiembre de 2012, Adi Arza, de 15 años, circulaba con su bicicleta entre Gorraiz a Mutilva por la Ronda Sur, cuando fue arrollado, falleciendo al instante.

¿Cuanta gente ha muerto en Navarra en accidentes de tráfico en los últimos veinte años, incluidos peatones, ciclistas y conductores?

Hasta 1995, hace dos décadas, la Dirección General de Tráfico (DGT) sólo consideraba víctimas a las personas fallecidas durante las 24 horas posteriores al siniestro, desapareciendo, como es lógico, muchos muertos en las cunetas de las estadísticas oficiales. A partir de 1996, el plazo aumentó de uno a treinta días. Desde entonces hasta hoy, en la Comunidad Foral han fallecido 1.371 personas en accidentes de tráfico, 173 en calles de pueblos y ciudades y 1.200 en carreteras interurbanas.

¿Cuántos accidentes ha habido durante en mismo periodo en el conjunto del Estado español?

Las cifras generales de siniestros y víctimas son muy elevadas. El récord absoluto se estableció en 1989, año en el que murieron 5.940 personas durante las primeras 24 horas y 9.344 en el mes posterior, casi 10.000 personas fallecidas en 12 meses. Aquellos números catastróficos descendieron paulatinamente merced a la combinación de distintas políticas públicas y a la evolución del parque automovilístico: la construcción y mejora de nuevas infraestructuras, el aumento de la seguridad de los vehículos, las agresivas campañas de sensibilización de la DGT y las medidas punitivas (radares, multas, carnet por puntos). Durante las dos legislaturas de José María Aznar (1996-2000 y 2000-2004) murieron en la carretera más de 30.000 personas, y es con José Luis Zapatero cuando se produce el gran descenso: en torno a 12.000 en el primer mandato (2004-2008) y 6.000 en el segundo (2008-2011). Las cantidades se mantuvieron con Mariano Rajoy (2011-2015), con una tendencia ligeramente a la baja, hasta alcanzar el mínimo histórico del año 2015: 1.689 muertos. Una cantidad similar a la que se daba en la década de los años sesenta con una diferencia notable: en 1060 había un millón de coches circulando por las carreteras y hoy son más de treinta millones de vehículos.

¿Cuántos peatones y ciclistas han muerto atropellados durante en mismo periodo en el conjunto del Estado español?

La opinión pública raramente se hace eco de está parte menor de la sangría derivada del modelo de movilidad imperante. Sin embargo, las cifras de víctimas son también muy impactantes entre los ciclistas: 1.256 muertos en carretera y 389 en zona urbana, hasta un total de 1.645 víctimas entre 1996 y 2015… y directamente escandalosas en lo relativo a los peatones: 9.722 atropellos en vías interubanas y 8.902 en pueblos y ciudades, que suman 18.624 muertos.

Un modelo a abolir

La movilidad neoliberal organiza el territorio priorizando los desplazamientos del coche privado, que es principalmente utilizado por varones de clase media que viajan solos o acompañados por sus compañeros de trabajo o por sus familiares. Niñas, niños, mujeres, mayores, estudiantes, parados, precarios e inmigrantes se desplazan sobre todo a pie, en bici o en transporte público.

Hay un sesgo de clase explícito en el reparto modal de Pamplona y, por extensión, en el derecho a la movilidad, a la ciudad y al territorio. ¿Una exageración? Una primera aproximación a los números de los ciclistas fallecidos en la Cuenca de Iruñea de los últimos 10 años o de los peatones muertos en Pamplona entre 2015 y 2016 lo refleja bastante fielmente. Sólo hay un varón adulto entre los cinco ciclistas muertos: de los otros cuatro, dos eran mujeres (una de origen migrante y otra adulta) y dos hombres jóvenes. Y entre los cuatro peatones muertos en los últimos dos años no hay ni un solo varón adulto: tres eran mayores (dos mujeres y un hombre) y uno era un chico joven.

No arrebatarle la prioridad al coche privado es seguir manteniendo los privilegios de una minoría –los varones nativos de clase media– sobre el resto de la ciudadanía. Incompatible con un lugar que pertenece a todas las personas que lo habitan: la ciudad democrática.

 

Foto: Bojin [CC BY-SA 3.0]
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